lunes, 1 de agosto de 2011
Pre-booktrailer
Los que asistan a la presentación tendrán la oportunidad de ver también la presentación del trailer oficial completo que dura un poco más de 2 minutos.
En fin, aquí les dejo el link para que lo vean.
No se les olvide visitar las páginas de facebook del libro y estar atentos a todas als actualizaciones de este mes tan especial.
¡Un abrazo!
http://www.youtube.com/watch?v=ZMyTlCSA2J0
sábado, 16 de julio de 2011
Feria Internacional del Libro de Panamá

El libro tiene la misma presentación y formato que tuvo la 2da edición de “Los tres pergaminos”, bajo el sello editorial de EXEDRA. Aunque no contará con el barniz sectorizado ni las solapas que sí tuvo la 2da edición de “Los tres pergaminos” sí tendrá los muy aclamados anexos como los tuvo esta edición. Tomé en cuenta a las personas que solamente consiguieron la 1era edición del primer libro, y por lo tanto hemos incluido nuevamente el mapa de Tekoa (especificamente el continente de Yohkoa), así como una explicación del alfabeto pigmio y toda su gramática y reglas. Aparte de ello, incluí anexos sobre ciertos apuntes realziados por el mismo Yuke :D así como las primeras ilustraciones de las diferentes razas mencionadas en el libro.
En fin, no puedo mencionar mucho más, porque estoy guardando cierto material para las presentaciones, tanto la que haga en Costa Rica como la que haga en Panamá.
Espero que puedan asistir a la Feria dónde estaré la mayor parte de los días firmando y charlando con quién se quiera acercar. y les recuerdo que en la presentación haré rifas de los primeros ejemplares, y tendremos la presentación del trailer oficial de este segundo libro, cuyo título y portada revelaré días antes de la Feria.
¡Un abrazo, y espero que nos veamos pronto!
viernes, 21 de enero de 2011
El Símbolo Cristal II

Las mágicas cumbres de Serket
Un hilillo de brisa venía zigzagueando libremente por toda la ciudad, tan juguetón y helado como cualquier hilillo de brisa allí en Serket. Los pelitos del cuerpo de Yuke se erizaron de inmediato, algo que en palabras resumidas podría decirse como: todo el cuerpo de Yuke se erizó. Ni siquiera las capas blancas que una vez les entregaron los aris servían para protegerlos de semejante frío. Yuke no podía parar de elucubrar decenas de suposiciones extravagantes sobre la procedencia de aquél frío tan ingrato. Cuánto deseaba un poquito de aquél desierto en el que una vez se quejó del calor. ¿No había un sólo sitio en el que se pudiera estar a gusto con el clima? Claro que sí, en Tuiket. Pero Yuke ya no anhelaba Tuiket tanto como lo había anhelado por mucho tiempo. Sus piernitas se habían acostumbrado a las aventuras sorpresivas que surgían como plantas en su caminar. Aunque esto no significaba que no quisiera estar en un sitio tranquilo sin preocupaciones que involucraran cristales o hechizos.
Mantener un monólogo en su mente había sido algo que practicaba desde que Montblanc llegó a Serket. La noticia de que había podido engañar a Abyus era algo relativamente bueno, teniendo en cuenta que ahora Abyus no sospechaba de Montblanc. Sin embargo, no le era del todo reconfortante darse cuenta de que ese ente maligno seguía creyendo que ellos eran los portadores del cristal. La tarea de ser los señuelos de Abyus los acercó a su muerte a tal grado que estaba del todo seguro que así acabarían sus días. Pero Yuke no era alguien conformista y mucho menos pesimista. Prefería mencionar uno que otro chiste o burla en sus monólogos mentales, y pasar el tiempo divirtiéndose, aunque irónicamente fuera a expensas del mismísimo Abyus.
Desde aquél día en que llegaron a Serket una especie de ronquera dolorosa lo afectó, razón por la cual había evitado mencionar una sola palabra. Estar mudo, y prácticamente sordo y ciego por la ventisca, provocaba que sus ánimos subieran y bajaran inestablemente, como si se tratara de una chica bolttie adolescente. Cada diez segundos tenía que sacudirse la capa de nieve que le caía sin excepción alguna. Aunque ahora entendía por que nadie sospechó nunca que allí hubiese una ciudad.
Fue muy curioso ver que los árboles allí no estaban por completo cubiertos de nieve. Con esa ventisca deberían ser montículos blancos y no frondosas copas azules danzantes. Sí, danzantes. Esos árboles se llamaban «buraios», y daban unos frutos color naranja muy deliciosos y jugosos llamados de igual forma que su árbol. Eran árboles muy altos, tan altos como los huascuis donde vivía Yuke.
Estar debajo de ellos brindaba una sensación mágica, porque nunca paraban de deshojar esas redondas hojas azules que flotaban delicadamente cuál papel a pesar de la fuerte ventisca. Los habitantes de Serket decían que los buraios tenían magia arraigada dentro de ellos, y por eso nunca dejaban de florecer y de deshojar. También crecían como a ellos se les antojara, a veces en formas de colochos y a veces crecían tan recto que alcanzaban alturas descomunales. Para Yuke estos árboles eran lo mejor de Serket. A pesar de que le gustaba el frío y la blancura de la nieve, no había nada en ese lugar que le agradara más que algo de calidez. Por iniciativa propia descubrió que esos árboles eran tan cálidos como nada lo era allí. Tenían una calefacción interna que parecía producto de la magia. ¿Sería verdad que esos árboles eran mágicos? A fin de cuentas, todo en ese sitio tenía algo de mágico. Simplemente haberlos resguardado de una ventisca mortal y de la persecución de Abyus ya era más de lo que podían haber pedido.
Serket era una ciudad muy bella. De no haber sido por la nieve, Yuke podría ver que todas y cada una de las edificaciones parecían construidas por la misma persona, como si cada parte de la ciudad fuera una pieza de un enorme rompecabezas. Estaba construida de tal forma que todo rodeaba la plaza central, como si se tratase de una espiral expandiéndose hasta los límites de la montaña. El suelo de la ciudad estaba adoquinado por rocas de un color dorado opaco, colocadas de forma perfecta, de dicha manera que, si no hubiese nieve, se vería como una ciudad con luz propia. A excepción de ello, todas las construcciones eran muy simples, casi siempre cuadradas, en la medida de lo posible. Adornaban las jambas de las puertas y las ventanas con grabados rupestres, casi dibujados a base de retículas, semejantes a un friso con estilizaciones de animales o personas. Todo era muy simétrico y hermoso, con una simplicidad envidiable pero detallista. Así era Serket, una ciudad escalonada cual pirámide invertida, siempre concéntrica y cubierta por la nieve incesante de la montaña. Una ciudad solemne, hasta cierto punto venerable, como exornada por un poeta virtuoso que la hizo brotar de sus labios.
A un costado de ella, subiendo por unos escalones que ascendían como un río hasta la cima de la montaña más alta, estaba el Templo de la montaña. Era un sitio sagrado al que pocos tenían acceso, un lugar, de por sí, ya difícil de alcanzar. Se decía que para subir a ese sitio era necesaria la compañía de uno de los sabios de la ciudad. No se le permitía subir a cualquier persona. Era un sitio sagrado, un sitio de oración y tranquilidad, Muchos hallaban la armonía interior en lo alto del templo, recibiendo la fuerte brisa gélida que invadía la cima de la montaña, haciéndoles ver que más allá de las dificultades siempre era posible hallar la paz. Para todos aquellos que sabían que la paz que se busca, pocos la encuentran, era muy probable que el sitio para hallarla fuese en lo alto de Serket, en el Templo de la montaña.
Durante las tardes, Yuke solía pasearse por la ciudad. Su monólogo sostenía charlas y debates muy interesantes, entre los cuales la ciudad de Serket, Abyus, los pergaminos y el Cristal, figuraban la mayor parte del tiempo.
Su explorador interno le reveló muchos hallazgos maravillosos para él. Desde los mismos buraios, hasta unas cavernas muy profundas y hermosas. Allí dentro, vio que las raíces de los buraios que crecían sobre las cavernas descendían como atraídas por la gravedad, atravesando la tierra hasta salir por debajo, justo en el techo de las cavernas. Se clavaban delicadamente en lo hondo de un lago subterráneo de un color azul casi fosforescente. La luz misteriosa que emitía el lago iluminaba todos los muros de la caverna con una luz cálida.
Ago les explicó que Serket era el nombre que recibió el volcán sobre el cual se construyó esa ciudad, pero que desde hacía muchísimos años el volcán era inactivo. Su cráter se había obstruido con muchísima tierra, de tal manera que el sitio en el cuál debería estar, ahora estaba el centro de la ciudad, justo debajo de la plaza. Muchos lagos de agua cálida e hirviente descansaban bajo tierra, y todos los árboles habían aprovechado esto para nutrir sus raíces con el calor y mantenerse con vida. Todo esto daba lugar a un paisaje mítico también en el subsuelo de la ciudad, sitio en el cual Yuke pasaba días enteros escribiendo en un pequeño cuadernito que le regalaron. Allí hizo dibujos y narró absolutamente todo lo que les había sucedido desde el primer día de viaje. Incluso escribió un par de hechizos de Montblanc; aunque, para su desdicha, nunca pudo realizar ninguno por más que lo intentó.
Posiblemente el estar entrando y saliendo de esas cavernas provocó que aumentara la ronquera de Yuke. Siempre supo que pasar de un sitio cálido a uno helado no le haría nada bien. Fuera, por toda la ciudad y más allá, la nieve caía cargada de granizos, a una velocidad descomunal. Los vientos a tales alturas eran agresivos, golpeando sus rostros como si un dios mitológico soplara justo sobre ellos.
Las gentes en Serket habían construido muchísimos puentes que armaban caminos elevados por sobre los acueductos del sitio. La producción de agua, debido al calor subterráneo que derretía la nieve, dio origen a este sistema organizado y efectivo de acueductos. Estos acueductos, que bordeaban en círculos la ciudad, descendían como terrazas escalonadas irrigando campos donde se cultivaban frutos desconocidos por todos. Había ciritos, baias, ferioieres y pulmirias. Este ecosistema artificial proporcionaba alimento y abrigo a todos los de Serket. La misma magia que envolvía la ciudad evitaba que la nieve se aferrara en las hendijas de las rocas, por lo que ninguna casa se destruía con el hielo.
Los pocos árboles que sí estaban cubiertos por la nieve eran unos enormes de troncos demasiado gruesos como para cortarlos. Yuke pensaba que de haber juntado una docena de esos árboles podrían construir una muralla impenetrable o un hábitat para cientos de miles de animales.
A pesar del ambiente ajetreado que simulaba la ventisca, todo allí emitía un aura apaciguadora. No hacía falta estar más de un día en Serket para darse cuenta de la verdadera magia que envolvía la ciudad. Efectivamente, Yuke sentía lo mismo de aquella vez en que entró a la ciudad de las Pirámides de Bronce. Algo entre ambas ciudades era igual. ¿Sería posible que la misma magia que envolvía las Pirámides de Bronce estuviera también presente en Serket?
...
martes, 16 de noviembre de 2010
Sobre métodos para escribir

Aquí les voy a dejar algo que pienso sobre los diferentes métodos para comenzar a escribir o para ordenar ideas, que muchas veces nos crean un colocho mental que nos dejan peor a cómo iniciamos. xD
Yo pienso que todo escritor o escritor en potencia siempre se ha preguntado sobre cómo debe escribir. Yo sé que a muchos nos ha pasado que nos encanta la manera de escribir de tal autor y queremos ser tan buenos escribiendo como él o ella, pero al mismo tiempo queremos ponerle nuestra propia personalidad a la escritura. ¿Cómo ser tan bueno como otro autor pero manteniendo la originalidad? Yo aconsejo, como siempre, la divina solución a todos los problemas sobre cómo escribir bien: leer. No podemos esperar que un árbol crezca fuerte si no lo cuidamos desde que es una semilla, por esa misma razón se debe leer mucho, aprender cómo expresarse y practicar mucho antes de entrarle a la escritura. Desde que comencé mi única novela publicada hasta este punto, siento que uno, como escritor al mismo tiempo que como persona, va madurando poco a poco. Aunque dicho paso del tiempo viene de la mano con un aprendizaje literario. En mi caso he notado que es muy distinto mi estilo actual del estilo que tenía al comenzar a escribir. Siento que esto es algo común que le ha sucedido y sucederá a muchísimos (por no decir todos) escritores. Así que no te desanimes si con el paso del tiempo vuelves a leer lo que has escrito y ya no te agrada.
Pero en fin, volviendo al tema... lo importante de todo es crear tu propio sistema creativo. Hay múltiples formas de conseguir ese queridísima "inspiración", pero a fin de cuentas lo esencial es llegar a un resultado original, creativo y propio. En todos los trabajos artísticos, ya sea pintura, diseño, música, literatura o lo que sea, siempre encontrarás (directa o indirectamente) la escencia de su creador dentro de la obra. Con esto quiero decir que cuando escribas es importante ser tú mismo, no tratar de copiar a otros autores por más que tu estilo sea similar al de otros autores. Lo que le da más sabor a una obra (a mi parecer) es conseguir que el lector sienta la misma emoción que sintió uno al escribir; y esto se puede lograr simple y sencillamente con escribir tal y como te nazca hacerlo.
Como decía, hay muchos métodos para escribir, o para darle un pequeñito empujón a este proceso creativo de escritura. En mi caso, quizás sea bueno o quizás sea malo, no suelo planear todos y cada uno de los aspectos o sucesos que acontecerán en la novela antes de comenzar a escribir. A pesar de que suelo apuntar en una hojita, el celular, un cuaderno o hasta en la mano, cualquier idea interesante que surga sin importar el lugar en el que esté (a veces las ideas no llegan en los momentos o lugares más indicados), no me gusta saber con precisión qué palabras o que acontecimientos escribiré antes de sentarme frente al computador y de verdad "escribirlo".
Me gusta mucho estar escribiendo sin saber qué irá a pasar, sentir esa emoción de que lo que viene también me sorprenderá a mí. Y al decir esto tampoco me refiero a que todo sea un desorden aleatorio. Siempre, y eso es en serio, siempre es importante tener una especie de resumencito o esquema con el orden general de la novela. Que si quieres que acabe de tal forma o que suceda tal otra a mitad de la novela, son detalles generales que sí ordeno antes de escribir, sino la novela podría tomar un rumbo descontrolado y todo se saldría de mis manos.
Otros escritores suelen hacer lo contrario y apuntar todo antes de entrarle a la novela. Hacer una especie de linea cronológica o un orden especial de todo lo que sucederá y apegarse a dicho esquema hasta terminarlo. También funciona, pero como digo, son sistemas que no van con todas las personas. La única forma en que puedas saber qué te sirve más es efectivamente probando alguno de estos sistemas y ver tú msmo cuál es que se apega más a lo que buscas lograr.
Cuando ya se entra de lleno a escribir también es adecuado y recomendado que te sientas cómodo. No hay anda peor que sentarse a escribir si hay una música que no te guste o no te inspire, o alguien que te esté molestando constantemente. Creo que todos tenemos que buscar la forma de sentirnos cómodos y así poder concentrarnos con facilidad. Cada escritor tiene su ritual antes de comenzar a escribir. El mío, por ejemplo, es poner algún soundtrack de música que me inspire (aunque siempre son instrumentales porque sino me pongo a cantar y me distraigo), cerrar la puerta de mi cuarto y traer algo de beber. Por lo general me gusta escribir en la noche cuando todo está en silencio, y escribo por unas 2 o 3 horas, aunque cuando estoy de vacaciones a veces escribo hasta 8 horas diarias. También hay escritores que tienen su rutina muy bien entrenada y se despiertan temprano y trabajan en su novela por muchas horas sin parar. Al decir trabajar en la novela no necesariamente significa escribir, sino también leer lo anterior, corregir, cambiar detalles u ordenar ideas. A veces "volar hacha" es lo importante.
En cuanto a la creatividad y originalidad de historias es cuestión de cada uno. Siempre existen ejercicios interesantes que pueden ayudar a agilizar estos procesos, como por ejemplo juntar dos situaciones distintas y tratar de armar una historia con ellas. Por poner un ejemplo:
1- Un hombre misterioso con una cicatriz en forma de sol en una de sus manos.
2- Una galería donde las pinturas cobran vida una vez al año.
El ejercicio consitiría en tratar de armar una historia corta uniendo ambas situaciones. Podríamos decir que este hombre misterioso es un retrato de una de las pinturas de la galería y cada año avanza poco a poco con un plan perverso. O que ese hombre es el encargado de vigilar que las pinturas no escapen o no hagan desastres durante ese día en que cobran vida. Y la cicatriz en forma de sol en su mano es la señal del grupo de hombres de las pinturas que están realizando estos planes, o es una herida causada por alguna de las pinturas mientras él trataba de retenerlas... etc etc.
Otro ejercicio podría ser imaginarnos una situación muy extraña y tratar de buscarle los «cómo» y los «por qué». Por ejemplo suponer que una niña sin abrigo se encuentra leyendo un libro en el punto más alto de una montaña nevada; y habría que imaginar por qué la niña está allí, cómo llegó, por qué no usa abrigo, por qué lee un libro, etc etc...
Esto podrá parecer un juego tonto, pero muchas veces surgen ideas interesantes que se pueden utilizar. ¿Quién puede asegurar que de uno de estos juegos no saldrá tu próxima gran novela? En fin, hay múltiples formas de agilizar tu creatividad, pero lo importante a fin de cuentas es que no te estreses mucho y te diviertas escribiendo cómo y dónde te guste. Todo en la vida es un aprendizaje, y tenemos que tener presente que no se llega a ser maestro sin antes ser aprendiz.
¡Mo cule ilut or osu ireo Fabián!
lunes, 15 de noviembre de 2010
El Símbolo Cristal 2

Mantener un monólogo en su mente había sido algo que practicaba desde que Montblanc había llegado a Serket. La noticia de que había podido engañar a Abyus era algo relativamente bueno, teniendo en cuenta que ahora Abyus no sospechaba de Montblanc. Sin embargo, no le era del todo reconfortante darse cuenta de que Abyus seguía creyendo que ellos eran los portadores del cristal. La tarea de ser los señuelos de Abyus los había acercado a su muerte a tal grado que estaba del todo seguro que así acabarían sus días. Pero Yuke no era alguien conformista y mucho menos pesimista. Prefería mencionar uno que otro chistecillo o burla en sus monólogos mentales, y pasar el tiempo divirtiéndose, aunque fuera a expensas del mismísimo Abyus...
Desde aquél día en que llegaron a Serket una especie de ronquera dolorosa lo afectó, razón por la cual había evitado mencionar una sola palabra. Aunque no sabía la razón por la cual podía escuchar todo como si aquella ventisca inmortal no existiera. Cada diez segundos tenía que sacudirse la capa de nieve que le caía sin excepción alguna. Ahora entendía por que nadie sospechó nunca que allí hubiese una ciudad.
Era muy curioso que los árboles allí no estuvieran por completo cubiertos de nieve. Con esa ventisca deberían ser montículos blancos y no frondosas copas azules danzantes. Sí, danzantes. Esos árboles se llamaban «buraios», y daban unos frutos color naranja muy deliciosos y jugosos llamados de igual forma que su árbol. Eran árboles muy altos, tan altos como los secuoyas donde vivía Yuke.
Estar debajo de ellos era una sensación mágica, porque nunca paraban de deshojar esas redondas hojas azules que flotaban delicadamente a pesar de la fuerte ventisca. Los habitantes de Serket decían que los buraios tenían magia dentro de ellos, y por eso nunca dejaban de florecer y de deshojar. También crecían como a ellos se les antojara, a veces en formas de colochos y a veces crecían tan recto que alcanzaban alturas descomunales. Para Yuke estos árboles eran lo mejor de Serket. A pesar de que le gustaba el frio y la blancura de la nieve, no había nada en ese lugar que le agradara más que algo de calidez. Por iniciativa propia había descubierto que esos árboles eran tan cálidos como nada allí en Serket. Tenían una calefacción interna que parecía producto de la magia ¿Sería verdad que esos árboles eran mágicos? A fin de cuentas, todo en ese sitio tenía algo de mágico. Simplemente haberlos resguardado de una ventisca mortal y de la persecución de Abyus ya era más de lo que podían haber pedido.
Ago les explicó que Serket fue el nombre que recibió el volcán sobre el cual se construyó esa ciudad, pero que desde hacía muchísimos años el volcán era inactivo. Su cráter se había obstruido con muchísima tierra, de tal manera que el sitio en el cuál debería estar, ahora estaba el centro de la ciudad, justo debajo de la plaza. Muchos lagos de agua cálida e hirviente descansaban bajo tierra, y todos los árboles habían aprovechado esto para nutrir sus raíces con el calor y mantenerse con vida. Todo esto daba lugar a un paisaje mítico también en el subsuelo de la ciudad, sitio en el cual Yuke pasaba días enteros escribiendo en un pequeño cuadernito que le regalaron. Allí había hecho dibujos y narrado absolutamente todo lo que les había sucedido desde el primer día de viaje. Incluso escribió un par de hechizos de Montblanc; aunque, para su desdicha, nunca pudo realizar ninguno por más que lo intentó...»
viernes, 22 de octubre de 2010
SEGUNDA EDICIÓN

Hola nuevamente después de varias semanas sin comentar. XD
viernes, 1 de octubre de 2010
La raza pigmia

